No me gusta la idea que Capello tiene sobre el fútbol. Nunca me gustó: ni hace diez años ni ahora. Pero siempre le respeté por su honestidad. Por eso podría pensar que criticarle en este momento es algo oportunista y responde a un mal resultado. Ya sabemos que ese, precisamente, es el error que no debemos cometer: criticar sin aportar.
Por poner otro caso, ¿sería lógico criticar a Rijkaard por perder la final del Mundial de Clubes? Bueno, cada uno es libre de hacer lo que quiera y criticar es tan fácil y tiene tanto mérito como dar consejos. Pero si valoramos el trabajo y la trayectoria del técnico del Barcelona, seguramente llegaremos a la conclusión de que el holandés está realizando un gran trabajo en el conjunto catalán: encontró el sistema para ser competitivo, encontró los jugadores para ser superior, y a día de hoy ha perdido dos finales, pero porque ha llegado hasta ellas. El Barcelona no ganó la Supercopa ni tampoco el Mundial de Clubes, pero su fútbol, su estilo y su influencia abarcan mucho más que dos resultados negativos, por muy importantes que estos puedan ser.
En cambio, Capello es el máximo exponente de jugar por y para el resultado. Todos los equipos quieren ganar, todos son resultadistas. Pero cada uno elige su manera de lograr el éxito. El entrenador italiano aprovecha la superioridad de sus jugadores para explotar los errores del rival; una manera un tanto rácana de gestionar tantos recursos. Es como si Aquiles luchara desde detrás de una muralla: sería muy efectivo pero no se hubiera convertido en leyenda.
Por este motivo, creo que las críticas que hoy puedan hacerse al Real Madrid no son oportunistas, sino oportunas. Si sólo propones resultados, serás juzgado cuando estos no lleguen. Ese es el gran riesgo al que se ha enfrentado Capello y que siempre ha sabido esquivar gracias a la calidad de sus plantillas. Pero el Madrid ya no es el mejor: sus jugadores han perdido la ambición, la plantilla está desequilibrada y los rivales son mucho más potentes. Tal vez por ello, después del partido ante el Recreativo, en la rueda de prensa el italiano agachó las orejas y no supo explicar la pobre imagen que dio su equipo en el Bernabéu.
Ahora ya es tarde para cambiar el discurso y la promesa de los títulos se puede hacer muy pesada pero, mientras la honestidad se mantenga, nada estará perdido. Cuatro derrotas antes de acabar la primera vuelta son muchas para querer ganar la Liga, aunque seguro que se han visto cosas más raras.