¿Hasta que punto nuestras ideas son propias? ¿En qué medida estamos influenciados por otras corrientes de opinión? ¿Cómo diferenciar una noticia original de otra que se aprovecha de fuentes que no cita? Al hilo del reportaje de investigación de Telecinco Asalto a la casa blanca, me ha venido a la memoria lo recurrente del título y lo poco que realmente se ha dicho sobre la oscura trama que se desarrolla en torno al Real Madrid.
Mientras el Madrid sale en los medios por sus trapos sucios y su dilema Capello-Schuster, el Barcelona ha fichado a Henry y a Touré, el Chelsea lleva cuatro fichajes y se pelea con el Liverpool por Malouda (queda claro que nada voy a enseñar a los que saben más que yo), y el Lyon tiene otro medio centro defensivo (con lo que le cuesta a otros equipos encontrar sólo uno), por poner sólo algunos ejemplos. Una nueva muestra de cómo los blancos pueden realizar una planificación cada temporada peor. Pero el Madrid parece el único equipo capaz de desafiar a la lógica y rendir a su mejor nivel de forma proporcionalmente inversa al trabajo bien hecho.
Lo que cuenta Telecinco en su reportaje es un insulto contra los socios, y supuestos dueños, del Real Madrid. Tampoco es que sea nada nuevo (aunque nunca lo hubiéramos visto desde el ángulo de una cámara oculta) porque las trampas en las elecciones madridistas vienen de lejos y nadie se ha preocupado por erradicarlas, pero llama la atención que precisamente en estos momentos salgan a la luz las miserias de Calderón. Abellán lleva tiempo en pie de guerra contra el presidente madridista (a lo mejor sería más ético denunciar lo de los pisos de protección oficial en una comisaría que en un programa de radio, pero cada uno es libre de dar clases de moralidad donde le plazca) y ahora llega la cadena de Berlusconi, que pocas veces se interesa por otro deporte que no sea la Fórmula 1. Parece como si alguien no estuviera dispuesto a conceder una tregua a esta directiva después de los triunfos cosechados.
Mientras tanto, los socios madridistas siguen pendientes de las portadas de la prensa, del fichaje de Schuster y de las vacaciones en el Tibet de Capello. Algunos, incluso, siguen soñando con Kaká. Cuando quieran darse cuenta, les habrán quitado su club y ya no tendrán derecho a opinar, sólo a sentarse en su butaca y a pagar religiosamente lo que su antiguo club les solicite. En otros lugares, no muy lejanos, ya ocurrió algo semejante y aún no saben si reaccionar.
Poco a poco vamos sabiendo más sobre la guerra abierta. Por el momento, la televisión nos ha ofrecido un pequeño aperitivo. Si alguien cree que Calderón está acabado es que no se ha enterado de la película. Para convocar nuevas elecciones hace falta mucho más ruido. Esto es como una partida de ajedrez así que tendremos que ponernos cómodos y esperar acontecimientos. Puede que incluso los aficionados al fútbol saquen algo de provecho y alguien quiera desviar la atención a base de estrellas de más de 30.000 espectadores el día de la presentación.




