Dicen que cuando un jugador no quiere jugar en un equipo acaba saliéndose con la suya. Esa fue la táctica que utilizó Florentino en numerosas ocasiones cuando el Madrid era el club donde todos los futbolistas querían jugar. Ahora las cosas son diferentes y el Madrid sólo puede ofrecer grandes contratos pero un proyecto deportivo de dudosas garantías.
Al final, parece que esa afirmación de que los jugadores pueden controlar su destino es cada día más real: Chivu ya es jugador del Inter (con su correspondiente aumento salarial), Reyes ha conseguido quedarse en Madrid (en una nueva operación polémica de los dueños del Atlético) y Del Horno no está dispuesto a volver a jugar en otro equipo que no sea español (y que le pague lo que cobra).
Ante tal situación, los clubes tienen que afrontar restructuraciones complicadas en las que poco más pueden hacer que no sea perder la menor cantidad de dinero posible. Por eso es muy importante crear proyectos bien definidos, duraderos en el tiempo y basados en objetivos que vayan más allá de los resultados puntuales. No basta con buscar buenos jugadores sino que hay que realizar procesos de selección para encontrar jugadores comprometidos con su profesión que se identifiquen con el club para el que trabajan.
Pero, ¿es legítima la postura de estos futbolistas? Todo el mundo tiene derecho a trabajar donde quiera (otra cosa es que se pueda elegir), y los tiempos del esclavismo ya quedaron atrás. Pero el que firma un contrato declara estar de acuerdo con una serie de condiciones. Y si hablamos de fútbol profesional, no creo que esas condiciones sean abusivas para ninguna de las dos partes. Por eso resultan chocantes las presiones que algunos jugadores provocan para no cumplir con sus obligaciones.
El caso de Chivu fue espectacular* y demostró que había muchos intereses en juego: el futbolista buscando más dinero por encima de lo deportivo, los representantes queriendo sacar tajada, la Roma intentando no perder todo el dinero que invirtieron (Chivu terminaba contrato al año siguiente y podría haberse ido sin tener que pagar traspaso), el Barcelona buscando reforzar su plantilla (antes lo intentó el Valencia), el Madrid entrando en todas las trampas de los intermediarios y el Inter haciéndose con el jugador, quizás antes de lo que hubieran querido y por bastante más dinero de lo que tenían pensado pagar por un competidor de Materazzi. Pero, al final, el jugador se salía con la suya.
Con Reyes la cosa ha sido parecida, pero en menor escala. Una pena, pensaría Wenger, tener a un jugador que no quiere estar en tu equipo. Pero, por otra parte, una vergüenza que un profesional que no ha cumplido con las expectativas, venga exigiendo aquello que no se ha ganado. Aunque, como cualquier operación en la que se mete el Real Madrid, el desenlace era totalmente inesperado. Reyes también se sale con la suya, sigue cobrando lo de siempre y se queda en España jugando en el Atlético, que así le devuelve la moneda a su eterno rival. Pero el compromiso del jugador queda retratado y genera múltiples dudas en un club falto de identidad, que necesita volver a recordar lo que significan los colores de una institución que antes ganaba títulos y ahora se conforman con ser los pupas.
El último caso parece ser el de Asier del Horno, descartado por Quique S. Flores para la plantilla del Valencia, pero que se niega a aceptar las opciones de salida que el club le propone. Algunos piensan que es un error del técnico, por prescindir de los servicios de uno de los mejores laterales españoles, pero en realidad se trata de un montón de equivocaciones encadenadas. Jugar en el Chelsea hace dos temporadas era una oportunidad que cualquier futbolista profesional hubiera deseado. Con su rendimiento y los problemas de adaptación, Del Horno demostró que su prioridad no estaba en la competición. Por eso, el primer error del Valencia fue llegar al rescate, pagando demasiado por un lateral que se había devaluado y que traía una lesión bastante sospechosa. Lo demás vino después y la decisión que ahora ha tomado Quique es totalmente comprensible y justificada, si bien dificulta la salida del jugador en términos económicos, aunque el Valencia tampoco se caracteriza por ser de los que miran los números con especial interés. Nos encontramos, pues, en un callejón sin salida en el que el jugador vuelve a tener la última palabra.
Los jugadores son los que deciden, pero los clubes no hacen nada por remediarlo. Cuando sus intereses se ven perjudicados ponen el grito en el cielo pero cuando pueden aprovecharse no tiene ningún reparo. De Sanctis ha fichado por el Sevilla dejando colgado a su antiguo club, el Udinese, y Matuzalem ha hecho algo similar, harto de ver como el Shakhtar Donetsk se negaba a dejarle marchar.
* Pensaba poner un enlace a los artículos de Futbolitis que explicaban con todo detalle las negociaciones para el traspaso de Chivu pero, como ya empieza a ser habitual, los blogs de Terra hoy tampoco funcionan.
“La calidad de un blog no depende sólo de quien escribe”.
Fotos:
Chivu, en repubblica.it.
Reyes, de Reuters vía Yahoo Sports.
Del Horno, en bbc.co.uk.






